Una auténtica historia de terror
"Discúlpenme, pero debo arrancar señalando que tres años después de que estallara nuestra horrible crisis causada por el fraude financiero masivo, ni un solo ejecutivo ha sido encarcelado, y eso está mal". De esta guisa comenzó Charles Ferguson (No End In Sight: The American Occupation of Iraq, 2007) su discurso de agradecimiento tras recibir el Oscar al mejor documental de 2010. Y esto es lo que trata de denunciar el realizador durante las casi dos horas de Inside Job, un trabajo documental que si bien no nos dice nada que no supiéramos o imagináramos a grandes rasgos, lo que sí consigue es que pongamos cara a muchos de sus responsables materiales e ideológicos. Caras sobre las que es difícil no proferir alguno de los innumerables insultos que la lengua castellana pone a nuestra disposición.
Narrado por Matt Damon, el documental a base de entrevistas a los responsables (o a los que se dejaron entrevistar) entre los que hay inversores, cargos del FMI o altos ejecutivos, cumple con creces su función divulgativa y hasta los menos duchos en economía logramos salir vivos de hipotecas subprime, derivados y demás basura financiera, gracias en parte a una estructura narrativa dividida en cinco partes que facilita considerablemente la comprensión de semejante enredo.
Si el mérito periodístico al revelar lo que será la causa de los insultos que lancemos sobre la pantalla es evidente, el valor cinematográfico de la cinta, si menor, también merece ser recalcado. La historia no para de crecer a lo largo de su metraje y al igual que la tensión, que se favorecido por el ritmo que el realizador de San Francisco impregna a la sucesión de testimonios de altos ejecutivos y demás calaña de Wall Street. Un ritmo que no reniega del uso del humor y este hace presencia a través de las canciones escogidas con sarna para acompañar en algunos momentos las declaraciones de los personajes que en algunas ocasiones nos gustaría matar con nuestras propias manos.
A diferencia de otros documentales de este corte como son los del polémico Michael Moore, Inside Job no cae en la demagogia que últimamente se reconocía en los últimos trabajos del director que tanto sorprendió con Bowling for Columbine (2003) ni su director se convierte en el principal protagonista. Solo aparece en contadas ocasiones fuera de plano y donde reside su fuerza y la del documental es en el martillo pilón de su voz que materializa el minucioso trabajo de los tres guionistas de Inside Job y que llega a poner de los nervios a sus entrevistados y por ende, al público.
Porque lo que sacamos en claro es lo eso mismo que denuncia Ferguson ya en el título de su trabajo que la crisis económica que sacude el planeta, no fue un accidente, fue un auténtico fraude del que se tenía constancia previa, nos dejó sepultados, y sobre dichas ruinas todavía navegan yates de los ejecutivos responsables del desastre cuyos tentáculos parten de Wall Street, pero dominan como la tabla del dos a la clase política, sea esta del color que sea, Bush, Clinton u Obama, lo mismo da. Aunque, y esto personalmente me parece lo más macabro y pornográfico, lo hacen también sobre las principales instituciones educativas del país, que quedan al desnudo. Así que, si éstos dan miedo, queda por inventar la palabra que defina lo que puedan hacer sus discípulos. Por lo menos, se agradece que se nos cuente de la manera en que lo hace esta Inside Job.
Aunque sea para saber al menos un poco acerca del contenido que hay bajo las arenas movedizas sobre las que nos movemos sobra decir que se recomienda el visionado del trabajo de Charles Ferguson, quien, que como dice Carlos Boyero, crítico de cine de El País: "En su intento por ser realista y didáctico le ha salido una extraordinaria película de terror".
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