Berlusconi game over
Es muy difícil hacer un análisis del fin de Berlusconi en Italia. Yo no sé nada de ciencias políticas ni de economía, me pierdo la mitad de lo que dicen en los telediarios y si algún día en el banco me dicen que el spread de mi bonus a cuatro años se ha desplomado, causando un bond a 570 puntos de Alemania, no sé si querrán decirme que hay que aprender alemán para seguir siendo europeo, o que el banco se ha quedado con todas mis cuantiosísimas posesiones.
Mea culpa, sin duda alguna: soy un filólogo que no quiere dedicar unos días a la lectura de algún libro que me aclare las ideas sobre esta terminología masónica. La ignorancia nunca es algo que se pueda defender, y por eso no tengo excusas.
¿A qué viene todo esto? No me estoy alejando del tema Berlusconi, no señor. Por lo que he visto, su fin es de agradecerse al Mercado. No a una revolución popular, ni a una “marcha” sobre Roma, ni a una masiva manifestación de indignados, ni a una maniobra política, como podría pensar un hombre antiguo del siglo XX como yo.
No señor: hoy en día los gobiernos se hacen y deshacen gracias a la acción de los Mercados. Las ¿¿¿cracias en las que vivimos están regidas por señores sin caras,
sin patria y sin DNI, a las que les prestan su voz los poderosos del momento, Francia y Alemania en nuestro caso.
Esto es el mundo moderno. El fin de Berlusconi (y antes el del presidente griego) es el signo evidente de cómo van a funcionar las cosas de ahora en adelante. Nada de subterfugios ni carnavaladas: el Capitalismo desenfrenado de nuestro siglo habla fuerte y claro y ya no necesita esconderse.
Una nueva era se abre delante de nosotros, y temas como “intervención del estado”
y “control de los mercados” ya forman parte del pasado. El Estado mismo es arqueología. El Mercado es el Estado.
No importa, la humanidad ya sobrevivió a las catástrofes provocadas por la estupidez, y esta no va a ser peor que otras como el Nazismo o la Inquisición.
Así que desde Madrid me emociono y doy las gracias. Las imágenes de la gente que se reune de forma espontánea delante del Quirinale y de Montecitorio (la Presidencia de la República y la Cámara de Diputados, respectivamente) me hacen sentir aún más lejos de lo que estoy. Quisiera estar allí en esas plazas, silbando y gritando y cantando con los demás, bebiendo y celebrándolo con los demás italianos, en mi ciudad, en Roma.
Pero no puedo y me quedo aquí a escribir este artículo. Soy arquelogía. Fíjate, recuerdo el año en el que nació el proyecto de Berlusconi, su primer partido: Forza Italia. Era 1993, yo iba todavía al colegio, tenía 16 años. Desde el autobús que me llevaba de casa al Liceo, veía unos raros carteles con la foto de un bebé que decía Fozza Itaia. En 1994 nació oficialmente el partido de Forza Italia, pero nunca nadie ha abiertamente asociado esa imagen (probablemente un teaser publicitario de precamapaña) con el partido. Serán cosas de malpensado como yo.
De todas formas, todo empezó así. Se leían periódicos y se discutía sobre el mensaje a los italianos que Berlusconi mandó en onda en su televisión. El país entero estaba en estado de shock debido al inmenso escándalo político conocido como “Mani Pulite”. La corrupción había llegado a todas partes, tocando TODOS los partidos políticos de la Primera República.
Fue un auténtico terremoto, y recuerdo que una de mis primeras imágenes de la política italiana fue la del ex presidente socialista Bettino Craxi saliendo escoltado y corriendo, para protegerse de una avalancha de monedas que la gente le lanzaba abucheándolo.
Muy parecido a la salida de Berlusconi hace un par de noches en Roma. Pues de ahí vengo yo, de ese clima, y de los atentados criminales de la Mafia contra los jueces Falcone y Borsellino (año 1992).
Nunca he votado a Berlusconi, y lo digo además con cierto orgullo. En mi entorno la mayoría estaba como aplastada por una resplandeciente sonrisa que sabía a Tele5 y a americanismo de poca monta. Muchos de nuestros padres lo votaron, sin saber que estaban a punto de condenar a sus hijos.
Luego han venido estos diecisiete años de ¿gobierno? de la vergüenza, sólo ilusoriamente interrumpidos por breves e inútiles paréntesis de centro-izquierda. Sí, esa es la palabra: vergüenza.
Años de propaganda, demagogia y políticas concretas basadas en: racismo, desempleo, empobrecimiento general, ruptura del tejido de cohesión social, corrosión progresiva del primer gran recurso del país, la cultura y la enseñanza universitaria, malísima imagen en Europa y fuera (con consiguiente y progresivo aislamiento), retórica anticomunista más propia de la era de la Guerra Fría, creación estudiada de un clima de odio recíproco entre clases sociales y entre italianos, machismo, compra de favores políticos, compra de la opinión pública (la prensa y los medios en general), desmantelamiento de la izquierda política (fantoches mudos y vendidos en nombre de los mismos intereses de Berlusconi), abandono total del Sur a su triste suerte, desmantelamiento de las fuerzas policiales y clima de total inseguridad e impunidad, falta de esperanza para la mayoría de los jovenes (muchos de los cuales se han visto obligados a irse al extranjero), quitándole al país nuevas inteligencias y fuerzas creativas e imprenditoriales frescas, y dejando Italia en manos del capital extranjero, de la Mafia y de los beneficiarios de un sistema nepotístico nuevamente reforzado e institucionalizado.
Pero esto sólo es mi análisis, el análisis de un filólogo que no sabe nada de Spread ni de Intereses, que ha crecido bajo ese régimen hasta los 30 años, cuyo único resultado ha sido el desapego hacia mi país, y la creación –por desesperación juvenil- del mito del “país extranjero”.
Al no ser considerada necesaria mi opinión ni mi participación para mejorar las cosas, al ser sistemáticamente ignorado como se han ignorado todos los jovenes de mi generación, sólo me quedaba buscar un sitio en el que poder intentar llegar a ser yo mismo. Sin todo el peso cotidiano de la vergüenza, pero con el peso de la lejanía.
Quizás el peor resultado de todo esto haya sido que uno necesita creer tan fuertemente que fuera las cosas son mejores, que incluso puede llegar a pensar que hasta el paisaje y la cocina italiana son prescindibles. ¡Esto sí que es el crimen definitivo!
Ahora lo que sí queda pendiente es el futuro. Muchas preguntas se abren: ¿conseguirá Berlusconi convencer a los jueces de que es culpable de los enormes
delitos de los que se le acusa e ir a la cárcel? ¿Conseguirán sus seguaces despertar del largo sueño y darse cuenta de que todo se ha acabado? ¿Habrá una tercera República finalmente limpia, moderna y democrática (con el permiso del Mercado)?
Y sobre todo: ¿conseguiremos, nosotros los italianos, despertarnos y recuperar la confianza en el enorme potencial de nuestro país, y luchar por limpiar nuestro nombre y nuestra historia de las consecuencias de este largo paréntesis de idiotez, ignorancia y oscuridad?


Comments (1)
Hola Valerio
ENHORABUENA ante esta nueva etapa.
Un abrazo.