Los treinta años y el Titanic - 5

on Jueves, 07 Abril 2011. Posted in El círculo cuadrado Autores valeriocruciani

Los treinta años y el Titanic - 5

En cuanto el alma pierde la aureola juvenil, los generosos torneos por el aplauso son sustituidos por las egoístas competencias por el dinero. (Santiago Ramón y Cajal)

Las palabras “joven” y “juventud” se convierten en un curioso disparate contradictorio cuando las utilizamos para hablar de los treintañeros. De hecho, las instituciones políticas europeas miden la juventud hasta los 30 años, y siempre más a menudo hasta los 35. Son medidas monetarias: ayudas, subvenciones, desgravaciones fiscales, premios para “jóvenes” artistas, becas, etc. Pero cuando nos acercamos a la realidad (y creo que no hay nada en el mundo más alejado de la realidad como nuestras instituciones políticas), vemos que es todo lo contrario. A los treinta, treintacinco años ya no eres joven. Es que estás tardando en hacerte adulto, que es otra cosa.

Esta mezcla es algo explosivo que nos ha vuelto locos a todos: este adulto-joven, un chiquillo que no sabe nada de la vida y que todavía necesita mucha, mucha, mucha ayuda y comprensión y paciencia y apoyo por parte de las instituciones y de la familia, necesita cursos, necesita doctorados, necesita ferias y congresos y talleres y seminarios para saber exactamente cómo colocarse en el mercado de la vida. Y al mismo tiempo, se le piden todos los requisitos del adulto, se le pide que tenga una familia, que tenga coches y pisos, que tenga un trabajo estable o, por lo menos, honrado, que tenga ingresos, muchos ingresos, se le pide que empiece a pagar por sus pecados, que tenga su papel establecido dentro de la sociedad y que no se mueva de allí, que se quede bien anclado a esa apariencia de adulto a la que ha llegado.anciano

Por eso experimento tanta incoherencia, tanta frustración, por eso veo que formo parte de una generación de gente que va por el mundo juntando soledades, con muchos proyectos en la cabeza y tantos pájaros entre las manos. Me gustaría ser algo más concreto y hablar de lo que conozco, para que sirva de ejemplo. El mundo de los “jóvenes” artistas. Sí, ya podéis empezar a reiros. El susodicho “joven” artista es, por lo general, un animal social que en la edad que nos interesa aquí, no hace nada más que ir de un sitio a otro buscando éxito, confirmación, dinero, dinero, dinero, profesionalizarse, firmar contratos, recibir encargos y llamadas, muchas llamadas, y justificarse delante de la autoridad, justificar su existencia con sus nuevos proyectos a medio acabar, sus medias novelas, sus medios happenings, sus medias pinturas post-algo, sus medios cortometrajes.

El artista “joven” de hoy en día, salvando preciosas y agraciadas excepciones (yo no, pero sí gente que tengo la suerte de conocer), huele mal, huele a podrido, huele a cabrito envidioso y trepador, huele a bicho listo para cualquier compromiso, listo para venderse, desesperado por su inutilidad y por la indiferencia que el mundo le brinda. Huele a “quiero y no puedo”, huele a funcionario fracasado, que odia a todo el mundo porque se odia a sí mismo. Y tiene razones para odiarse. Desgraciadamente, yo formo parte dos veces de la lacra de esta generación: porque tengo treinta y tres años, y porque dolaressoy un “joven” artista. Tiene razón Ramón y Cajal: de la bonita época de los inicios no ha quedado casi nada, y todo se ha convertido en una lucha sin sentido por el último resto de dinero, a mi alrededor casi no vislumbro ganas de experimentar ni de buscar la alegría del aplauso gratuito.Sólo veo inútiles y amargadas personcillas que tratan de ganarse ese supuesto pan de cada día. Al que no tienen derecho. No digo que no hay que intentar vivir del arte, faltaría más. Digo que en este intento no deberíamos olvidarnos del arte.

Si esto es lo que nos depara el presente y el futuro, no veo la hora, aunque sea a mi pesar, de hacer lo que (pre)dijo el escritor francés André Malraux: “la juventud es una religión de la cual uno siempre acaba por apartarse”. Pues eso.

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Valerio Cruciani

Escritor, guionista, poeta y director de la revista "Lorem Ipsum". Es un monstruo mecánico de ocho brazos, con los que pone trampas, abraza a los amigos y desarrolla varios proyectos a la vez. Pero no es mala persona.