¡Qué pena de muerte!

on Lunes, 11 Julio 2011. Posted in El mundo desde R Autores rubén nieto

¡Qué pena de muerte!

¿A caso cualquiera de nosotros siente lástima, pena o alguna sensación distinta al asco cuando aplastamos vilmente a una cucaracha que aparece accidentalmente en nuestra casa? Ni el más verde de GreenPeace siente una pizca de bondad por tan “dulces” animalitos.  Pues justamente esto es lo que siente un acomodado funcionario estadounidense, o un voluntarioso y trabajador chino o un extremista radical islámico entre otros, cuando tienen la responsabilidad de quitarle la vida a una persona condenada a muerte, a una persona juzgada por leyes de distintos puntos del planeta que simplemente la denominan cucaracha de la sociedad.

No deberíamos sentirnos más racionales, humanos o puros que estas cucarachas de la sociedad. Sí, ellos han cometido un delito, pero nosotros al quitarles la vida nos ponemos a su altura y nos convertimos en criminales, en asesinos bajo la sombra y seguridad del Estado.

¿Por qué me atribuyo y os atribuyo a todos esta responsabilidad? Porque por mucho que sigan apareciendo desarraigos en las sociedades, todos somos humanos y de la misma raza, seamos negros, chinos, homosexuales, afganos, españoles o estadounidenses. Y la lucha por la defensa de la vida debería ser una de nuestras primeras preocupaciones, pero como raramente nos roza en lo personal, no aparece en telediarios, en periódicos, en encuestas de preocupación o siemplemente en nuestras preocupaciones.

¿Existen crímenes tan crueles que nos permitan quitar la vida a alguien? Seguro que nos parece fuera de lugar que en China se condene y se ejecute a una persona por un caso de corrupción política. O que se condene a la pena capital a un ciudadano de Corea del Norte por haber realizado llamadas al extranjero. O que se lapide a una mujer públicamente por haber defendido su origen y sus derechos frente a su marido. Según datos de Amnistía Internacional, la gran defensora de la aboliciónMapaPenaMuerte de la condena de muerte, durante 2010 las ejecuciones registradas oficialmente fueron 527, concentradas especialmente en Arabia Saudí, China, Estados Unidos, Irán y Yemen.

Sí, Estados Unidos, la gran defensora del pueblo internacional, del bien frente al mal, el Capitán América de los derechos civilizados de las personas, continúa apareciendo dentro del grupo de países que año tras año continúan con el goteo de asesinatos. Y aunque en este 2011 Illinois se convirtió en el 16º estado en abolir este desprecio por la vida humana, cerca de 50 personas aún fueron privadas de su vida durante el 2010.

Decapitación (Arabia Saudí), electrocución (Estados Unidos), ahorcamiento (Irak, Irán, Egipto....), inyección letal (China y Estados Unidos) y arma de fuego (Palestina, Bielorrusia, China, Somalia, Taiwán....) fueron los métodos más utilizados durante el 2010.

Siguiendo con el foco puesto en Estados Unidos, la realidad es que una persona condenada a la pena capital pasa más de 10 años encerrados en el ya famoso corredor de la muerte antes de su ejecución. Años en los que mayoritariamente personas con orígenes afroamericanos ocupan  las celdas y esperan entre cuatro paredes a que llegue su momento de la verdad y paguen sus pecados con el interés más alto: la vida.

En mi país, España, no están presentes en las leyes ni la Pena de Muerte ni la Cadena Perpetua, las dos vías más radicales para endurecer una condena. Hasta 1932 la Pena de Muerte en España era utilizada como castigo, abolida durante la Segunda República mediante una reforma del Código Penal. Dos años más tarde, en 1934 y en una España con un escenario bélico inminente, fue nuevamente restablecida pero acotada a delitos de terrorismo. Cuatro años más tarde, en 1938 y ya con Francisco Franco al frente, fue plenamente reincorporada y usada hasta 1975, con el fusilamiento de dos miembros de la banda terrorista ETA y tres del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota).

Con la transición de España a la democracia y la constitución del 1978, la Pena de Muerte pasa exclusivamente al ámbito de las leyes militares, para ser definitivamente abolida en 1995.

La lucha contra la abolición internacional no es algo nuevo, aunque no está presente como primera preocupación de las sociedades. Este es un extracto de la edición impresa del periódico español El País, del 26 de septiembre de 1976, el día antes del aniversario de las últimas ejecuciones en territorio español:

“Estas ejecuciones provocarían una ola de protesta e indignación en toda Europa que se extendió por espacio de algunas semanas: quince países europeos (República noFederal Alemana, Gran Bretaña, Bélgica, Dinamarca, Holanda, República Democrática Alemana, Francia, Suiza, Portugal, Austria, Suecia, Irlanda, Luxemburgo e Italia) retiraron temporalmente sus embajadores en Madrid, y otros dos países (Polonia y Hungría) sus representantes comerciales.

Durante varios días las capitales europeas fueron escenario de multitudinarias manifestaciones de protesta, que alcanzaron momentos de violencia en París (con destrozos importantes en los Campos Elíseos) y Lisboa (destrucción de la embajada española).”

La misma noticia que a día de hoy prácticamente aparece calcada en los telediarios. Otros actores, mismo teatro.

¿Qué piensa la sociedad? ¿A favor o en contra? Me aventuraría a predecir que un altísimo porcentaje de los ciudadanos contestaría automáticamente en contra. Sin dudar ni pensarlo.

Y es muy probable que el porcentaje de contrarios bajase si incluimos en la pregunta los detalles de la cruel muerte de Mari Luz de 5 años a manos de un pederasta.

O si recordamos el asesinato a sangre fría por parte de ETA, mediante dos disparos en la cabeza, de Miguel Ángel Blanco, concejal del Partido Popular secuestrado dos días antes como moneda de cambio para el acercamiento de los presos de la banda terrorista.

Y bajaría más todavía si se explicasen los abusos sexuales sufridos por un bebe de 7 meses en Perú, a manos de su propio padre, que tambaleó el país en plena campaña electoral.

El debate social estaría servido, porque en lo más profundo de nuestra naturaleza está fuertemente arraigado el ojo por ojo y diente por diente. El pagar con la misma moneda un delito atroz, que nos hace sufrir en la distancia simplemente al pensar en meternos en la piel de los que lo sufrieron y sus familias, para mí no es la solución.

La vida sigue estando por encima de todo, incluso de la venganza, porque no llamemos justicia a la venganza, al odio comprensible desarrollado en lo más profundo de uno ante estas situaciones de violencia desmedida.

En estos días en los que el mundo se echa a la calle para defender una clase política más justa, unos derechos de igualdad para los homosexuales, la defensa de los bienes naturales o en contra de los recortes económicos y sociales, es de obligación marcar en el calendario el 10 de Octubre, Día Mundial contra la Pena de Muerte: día mundial de la defensa de la vida.

Todos tenemos derecho a vivir. Nadie tiene derecho a privarnos de la vida.

¿A favor o en contra? Reflexionen y opinen.

Amnistía Internacional: http://www.amnesty.org/


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Rubén Nieto

Multiusos nacido en Madrid en 1981, enamorado de la vida en lo próspero y en lo adverso, con tendencia a escribir con el corazón. Fanático de los deportes, recientemente enganchado a su Twitter @RuNieto y trilero del tiempo para intentar pasarlo junto a su mujer y su hija.