Semana Santa, ateos y centros comerciales

on Martes, 26 Abril 2011. Posted in El mundo desde R Autores rubén nieto

Semana Santa, ateos y centros comerciales

Media tarde, sol abrasador en una pequeña calle de un pueblo extremeño con casas bajas a ambos lados de la misma. Personas asomadas a las ventanas que lo único que escuchan son los pasos de un grupo de no más de 60 personas caminando al unísono. Todas las caras son conocidas, exceptuando las que se ocultan debajo del paso con una imagen de Jesucristo con aspecto sufrido. Todos se paran en sintonía, y las miradas se centran en un balcón de un segundo piso de un edificio rojo de ladrillo visto. Allí, un hombre de etnia gitana con una camisa negra comienza con pasión una Saeta. Con la voz rota, recita estrofas llenas de sufrimiento, veneración y amor que salen desde dentro. No es un artista ni se le paga por ello, es simplemente un ser humano que cree en Dios, en su sufrimiento y en toda la historia que lo rodea. Termina, y la comitiva de almas continúa su camino, un camino que solo entiende una señal: la fe.

Así fue mi primer contacto directo con la Semana Santa cerca de 20 años atrás, y así lo viven millones de españoles hoy en día en los miles de pueblos de España que se visten de gala para sacar en procesión sus imágenes veneradas durante todo el año. Pero no es una tradición de pueblo, ni una tradición local o regional. La Semana Santa es una tradición multicultural con raíces profundas, que sobrevive año tras año a la modernización del planeta y a su movimiento de globalización constante. Una tradición que paraliza países y, como cualquier cuestión religiosa, se encuentra asentada en la frontera del fanatismo.EspejoJesucristo

Como cualquier “afición” de masas, cuenta con adeptos y detractores que la hacen crecer de forma directa y prolongada. Mueve cientos de millones de euros, genera días festivos, cambia las tendencias alimenticias de las personas, aflora la emotividad por los seres fallecidos y siembra semillas de esperanza para aquellos que necesitan agarrarse a cualquier mano amiga, aunque esta sea una mano invisible.

La palabra “fanatismo” es una palabra con tendencias negativas. Creo que su uso repetitivo en los medios, rodeada siempre de un entorno de violencia, hace que, simplemente por mencionarla en un párrafo anterior, algunos de los que ahora están leyendo estas líneas me hayan situado dentro del movimiento de oposición a la Semana Santa. Porque el movimiento existe, y cada vez es más numeroso o al menos lo parece.

Este año sin ir más lejos, un grupo de laicistas han convocado en Madrid para el Jueves Santo una “procesión atea” por el centro de la capital. Su recorrido, el mismo que el de dos de las procesiones más seguidas y veneradas: Jesús el Pobre y Jesús del Gran Poder. Y dejándose llevar por la generosidad pomposa de las denominaciones de los pasos, no ha tenido mejor ocurrencia que autodenominarse como el Paso de “La Virgen del Mismísimo Coño”. Medios de prensa escandalizados, azote de poder, políticos expuestos a la opinión pública con un tema todavía tabú en muchos sectores de la sociedad.

¿Provocación o simplemente derecho a la reivindicación? Hay que situar la iniciativa dentro de una sociedad como la española, donde crece un movimiento llamativo en contra de la doctrina eclesiástica liderado principalmente por hombres y mujeres que, en colegios públicos durante su educación básica, tenían como trabajo de plástica ilustrar en un espejo el semblante de Jesucristo, con gotas de sangre bajándole la frente desde una corona de espinas. Seguro que podría contar con los dedos de la mano los que no han visto un espejo así colgado en la habitación de matrimonio de cualquier casa española.

No es de extrañar que nos sintamos sorprendidos cuando vemos a ciudadanos londinense estremecidos al visitar en la National Gallery la exposición de arte sacro del barroco español. ¿Sus profesores de plástica no les preparaban haciendo espejos para ver el realismo de unas obras que muestran, con una crudeza abrupta, la muerte de un ser humano crucificado?

imgres¿Estarán preparados para ver a personas arrastrándose con las rodillas ensangrentadas detrás de las procesiones? ¿O a personas crucificadas con sogas tan apretadas que agrietan la piel? ¿O a gente que se azota hasta desvanecerse, con la espalda lacerada y amoratada?

Pero no es España, país de devotos a estos rituales con multitud de procesiones declaradas de Interés Turístico Internacional, la que encabeza la lista de fanatismo religioso-cultural. Año tras año, y antes de ver en las televisiones españolas las mismas películas religiosas, los telediarios nos enseñan las tradiciones del exterior.

Y vemos cómo Filipinas representa la muerte de Jesucristo, con crucifixión real incluida al actor que representa su papel. A los países latinoamericanos engalanarse con su folclore regional para sacar a la calle sus imágenes de las Vírgenes. Vemos el auge en Estados Unidos, con la mayoría cubana como organizador de la Virgen de la Esperanza Macarena de Miami. Vemos a los italianos abarrotar los parques o las playas de Italia en el Lunedì di Pasquetta.

Y nos resulta gracioso verlo, para qué negarlo. Pero más gracioso resulta ver en Alemania cómo la tradición consiste en buscar por los jardines huevos de Pascua decorados manualmente. O en Inglaterra, donde también juegan con huevos decorados, pero además deciden celebrar el Spring Cleaning y hacen limpieza general en las casas. Y como este ejercicio no muy habitual les debe hace entrar en trance, salen todos en el Good Friday a comprar ropa nueva, cortarse el pelo, hacerse la manicura, etc.Huevos_Pascua

Conociendo España, y cómo somos los españoles y nuestra tendencia por ser cada día un poco más anglosajones, acabaremos saliendo todos juntos a cortarnos el pelo o a fundir el Corte Inglés, antes de ir a las procesiones a fustigarnos con una soga después de llevar varios días sin comer carne para, a la mañana siguiente, despertar temprano a nuestros hijos para que se pongan a buscar huevos de colores por la casa.

La intransigencia es un problema, y es directamente proporcional a la libertad de expresión. Desde aquí, todos mis respetos para todos aquellos entusiasmados ciegamente por algo, alias “fanáticos”.

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Rubén Nieto

Multiusos nacido en Madrid en 1981, enamorado de la vida en lo próspero y en lo adverso, con tendencia a escribir con el corazón. Fanático de los deportes, recientemente enganchado a su Twitter @RuNieto y trilero del tiempo para intentar pasarlo junto a su mujer y su hija.

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