Toros: tradición, sangre y estupor
Un grupo de manifestantes, con lo que podríamos denominar el kit del protestante: silbatos, pancartas y banderines, grita contra la crueldad animal y en defensa de los derechos de los toros. Los gritos resuenan en los soportales de la plaza de toros más importante del mundo, Las Ventas, gritos contra la fiesta nacional que se ven refrendados por los insultos despectivos promulgados desde una plataforma de apoyo a la fiesta taurina, que promueve la recogida de firmas entre los entusiastas del festejo para asegurar la vida eterna del mismo.
En Madrid, residencia de la tradición y del templo de la tauromaquia, se avecinan las fechas en las que nos podremos encontrar con que estos sucesos acontezcan. Del 10 de Mayo al 5 de Junio arranca la feria de San Isidro, feria entre las ferias, donde casi todos los grandes toreros y las nuevas promesas del momento pondrán en la arena su vida en juego delante del toro, con igualdad de condiciones, entre capotazos, muletazos y olés.
Una minoría de la sociedad española se revuelve ya de forma organizada y con fuerza en contra de los festejos taurinos, contra la crueldad animal y contra lo que ellos denominan salvajismo. Minoría que ha conseguido que en la capital alternativa del país los festejos se hayan prohibido con una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) dejando huérfana la Monumental de Barcelona, donde las fuerzas políticas amplificaron la voz del pueblo y llevaron a cabo “la faena”. Y ahora el mundo del toro contraataca con otra recogida de firmas para llegar a las 500.000 necesarias para
emprender otra ILP que pretende declarar la fiesta como Bien de Interés Cultural en España, porque consideran que su religión en forma de fiesta corre peligro aunque confíen plenamente en que la posible alternancia del poder político que acontecerá en España, ayudará a frenar las nuevas tendencias que quieren echar el cierre.
Días atrás hemos visto como Francia, nuestro país vecino en donde se pueden también presenciar corridas de toros con renombre, nos ha sorprendido con el apoyo legal e institucional a la que consideramos fiesta española, nombrando los toros Patrimonio Cultural del país y pasando a formar parte del Patrimonio Inmaterial de Francia. En México, otra de las fábricas de toreros y corridas, parecen ajenos al movimiento aunque comiencen también iniciativas antitaurinas lideradas por el Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Ni nuestra familia real se queda al margen de la polémica. Cualquier aficionado puede recordar a Doña María de las Mercedes, madre del rey, acudiendo año tras año a San Isidro en su silla de ruedas, o a la Infanta Elena en barrera, mientras Doña Sofía, Reina de España, se opone visceralmente al reconocimiento de la tradición española. Puede que la pregunta clave sea: ¿están los extranjeros preparados para ver en directo un festejo y adorarlo?
Me declaro aficionado a los toros, mi madre me lo ha inculcado desde pequeño, pero reconozco que ver una corrida en directo no es fácil. He escuchado a muchos utilizar la teoría de que los toros nacen para esto y que sin festejos su raza se extinguiría. O que viven 5-6 años como auténticos reyes y luego se les ofrece la posibilidad de defenderse con su bravura. O que los toros no sufren debido a su fuerza animal, pero ver los borbotones de sangre que salen de su lomo tras entrar al caballo, sus mugidos tras un par enérgico de banderillas o sus últimas bocanadas luchando por no desfallecer en el último aliento de vida, son imágenes impactantes no aptas para todos los públicos. Recuerdo un documental en la televisión donde se invitaba a varios grupos de estudiantes americanos e italianos a ver una corrida de toros. Sus caras lo decían todo, y verlos abandonar la plaza antes de tiempo me hizo entender que no todos nos hemos criado con las últimas imágenes de Paquirri con la cara pálida tras ser herido mortalmente: “doctor, la cornada tiene dos trayectorias.....tranquilo y haga lo que tenga que hacer”.
Desde un punto de vista cultural, nos guste más o nos guste menos, nuestro país es mundialmente reconocido por la figura del toro y los toreros. No hay más que ver a cualquier grupo de japoneses con sus cámaras de fotos al cuello, o a estrellas musicales de talla mundial como Madonna, o a las tiendas de souvenir de las capitales españoles con sus figuras flamencas y taurinas. Se reconoce internacionalmente el indudable valor de los toreros al enfrentarse a un animal bravo con poco más que un trapo bien doblado. Dejen de lado su opinión sobre la tauromaquia, sea esta a favor o en contra, y reflexionen sobre la escena: un animal de 600 kilos con dos astas bien afiladas y semblante serio corriendo desbocado en un ruedo sin escapatoria, que es recibido por un hombre con traje de luces con la única defensa de su valor, su talento y su capote. Vamos, una foto con un tirón comercial incalculable, seamos sinceros.
Pero el mundo de los toros no es solo valor y muerte. El mundo de los toros es un mundo muy hermético, con una fuerte tradición y con pocas o ningunas ganas de cambio. Un mundo donde todo tiene su liturgia y su razón de ser, y pocas cosas suceden aleatoriamente. Un mundo donde en varias ocasiones han intentado entrar las féminas, que han sido recibidas con caras largas y con pocas ganas de ofrecer contratos. Hablando de contratos, no hay que olvidar que
los toros son un mundo donde el dinero fluye, donde los grandes ganaderos observan las corridas en la barrera con sus largos puros, y donde los toreros viven inmersos cada minuto de su vida en su religión desde sus fincas con tentaderos. Donde la gente guapa y chic del país acude con sus mejores galas y donde los abonos de temporada alta alcanzan precios estratosféricos.
Pero este año, y seguramente otros muchos, la puerta de toriles de Las Ventas y de otras muchas plazas de España se volverá a abrir tarde tras tarde para que una afición entendida y enormemente crítica pueda deleitarse con naturales y pases de pecho, con toros haciendo el avión y entrando al caballo con brío, con banderilleros asomándose al balcón y con bellos capotazos haciendo quites. Con los defensores de José Tomás abucheando la forma de entender los toros del Juli, y los defensores del Juli clamando respeto hacia su visión educada del toro, sin extravagancias ni malabares.
Un mundo, una tradición, dos visiones. ¿En contra o a favor?, ¿sufrimiento animal o destino?. ¿Cómo se ve este festejo desde otros países? . Espero sus comentarios a puerta gayola.
- Tags: prohibición, san isidro, toros, tradición

