La papeleta nuestra de cada cuatro años

on Viernes, 20 Mayo 2011. Posted in Actualidad crítica Autores Carlossaavedra

La papeleta nuestra de cada cuatro años

Paseando un día por un barrio de Madrid choqué con una aglomeración de gente, música y voces nada usuales para esa zona en una tarde de viernes como esa. Siguiendo mi recorrido, veo colgada de una farola la razón de tanto alboroto: un mitin electoral. Sigo leyendo y choco con otra razón: primera consumición gratis. Viva la democracia de los grandes partidos.

Ahora que se acercan esas fechas en las que la clase política se empeña en ofrecernos la dosis necesaria de sistema para que seamos incapaces de ver la podredumbre del mismo, desde sus alcantarillas, cada vez más atascadas y apestosas hasta el photoshop de sus carteles electorales. Más de un@ se llenará la boca con ese tan mediático lema de “la fiesta de la democracia” o ese otro tan atractivo de “el pueblo ha hablado”. Pero el sistema sólo permite que el pueblo hable cada cuatro años votando unas listas cerradas por las cúpulas de los partidos, alejados de la calle, y que en estas próximas elecciones contarán con multitud de imputados por la justicia por diversas causas desde corrupción, cohecho, prevaricación, acoso laboral. Así serán algunos de nuestros próximos representantes. Esa es una de las muchas razones que poco a poco van llenando las plazas de las ciudades españolas porque ya hace tiempo que falta un nuevo vaso que poder colmar.050511-elecciones-municipales

La imposibilidad de mostrar el descontento

Todo este descontento ciudadano puede ser encauzado en las urnas de tres maneras posibles. La primera y más común en este país es la conocida abstención, aprovechar los días primaverales en los que suelen coincidir estos eventos para otros menesteres que no pasan por un colegio electoral. En este conglomerado entran aquellos contrarios a un sistema porque se sienten maltratados y ultrajados junto con, y esto es el riesgo, aquellos que simplemente deciden no acudir a votar por simple apatía irresponsable. Se conoce como abstención pasiva. Las otras dos sí que requieren darse el paseo matutino o vespertino de rigor y participar de forma activa en el proceso electoral.

El voto nulo es considerado todo aquel que no está conforme con la normativa electoral vigente. Dentro de esta posibilidad se abre un abanico de posibilidades a gusto del votante que suelen desembocar en una labor creativa en forma de todo tipo de mensajes en papeletas que amenizarán la tarde-noche a la mesa electoral correspondiente. Es lo que se está conociendo y en algunas partes de la red promoviendo como el voto nulo de reproche. La creatividad al poder.

Por último tenemos el voto en blanco (sobre vació sin papeleta de candidatura). Es un voto sobre el que se presupone una reflexión previa del votante que concluye en el desacuerdo con todos los partidos políticos y sus propuestas, pero aceptando el sistema, decide participar activamente en él. Éste sí es un voto válido. Y aquí es donde radica su peligro y gran parte de su rechazo. Por mucho que se proclame a los cuatro vientos que es un GNN_-_Voto_Nulovoto que va para el partido vencedor, el voto en blanco no se lo reparte ninguna fuerza política, aunque en la práctica sí favorece a esos grandes partidos. Porque al contabilizar como voto válido provoca que la cantidad mínima de votos necesarios para poder participar en el pastel político aumente. Este mínimo es del 5% de los votos válidos en las municipales y del 3% en las generales. De ahí que a más votos en blanco, más votos necesitarán los partidos minoritarios para pasar el corte.

Son muchos los que consideran que si el voto en blanco representa la conciencia de cada uno y es el que va a hacer que uno duerma mejor por las noches, en la práctica es un voto claramente inútil. Si se diera el caso, una candidatura podría obtener la totalidad de los representantes en juego con un 3% de los votos existiendo un 97% de votos en blancos. Si nadie ve el fallo, a ver dónde anda el rey tuerto.

La necesidad del cambio

Por muy atractivo que parezca ese escenario, con un 97% de la población mostrando de forma masiva su descontento hacia la clase política no parece que pase más allá de un relato de ciencia ficción, con permiso de Saramago. A tanto, la población española aún no ha llegado, en las últimas elecciones generales de 2008 fueron 286.182 los electores que votaron en blanco, mientras que 165.576 votaron nulo. Sumando ambos, los que podemos entender como voto descontento el de 451.758, cifra nada despreciable, si tenemos en cuenta que partidos con menos movilización en las urnas tienen a sus representantes en el Congreso de los Diputados: PNV (6 escaños con 306.128 votos), UpyD  (1 escaño con 306.078), ERC (3 escaños con 298.139), BNG (2 escaños con20110517elpepivin_3 212.543),  CC (2 escaños con 174.629) y Na-Bai (1 escaño con 62.398). Todos ellos sacan tajada, ayudan a formar mayorías al gobierno de turno gracias a un sistema electoral que desde sus orígenes pretendió dar voz a los partidos nacionalistas y que deja en la estacada a quien considera que ningún partido político actual le representa  usurpándole su voluntad.

La lucha por conseguir que si el electorado desee un escaño en blanco la ley debería permitírselo no es nueva. Distintas organizaciones y movimientos ciudadanos surgidas sobre todo a raíz de la eclosión de la catalana Escens en Blanc, que desde las elecciones al parlamento catalán de 2003, acude a las urnas con el compromiso de renunciar a cualquier tipo de privilegio o asignación económica que conllevaría el conseguir representación en las instituciones, siendo su único objetivo el conseguir por cauces democráticos el voto en blanco computable. Para ello, el escaño que pudieran ocupar permanecería simbólicamente vacío en todas aquellas sesiones en que la modificación del voto en blanco no se debatiese.

Este movimiento en el ámbito nacional es acogido por Ciudadanos en Blanco (CenB), que gracias a la colaboración ciudadana se presenta a las elecciones en cantidad de municipios y autonomías en este 2011 electoral y que ya ha acudido a dos elecciones generales. En 2004, con 40.208 (0,16%) y en 2008 con 13.999 (0,06%). Definido como un no-partido, cualquier forma de organización se disolvería en el momento de conseguir su objetivo de la validez real del voto en blanco.

Aunque un movimiento ciudadano de esta índole siempre es admirable, ese escenario utópico en el que la clase 1305655963_g_0política tendría que lidiar con un voto en blanco masivo que moralmente deslegitimaría a cualquier gobierno es una suculenta golosina para el paladar descontento. Ni está ni se le espera en los programas electorales de los partidos que llegarán al poder, pero viéndose desbordados, el rechazo de su debate y estudio no sería nada recomendable, incluso desde la pragmática del político en el poder. Todo esto desde la democracia de las urnas. Desde la otra, la de la calle y de las personas, hace buen tiempo para poder dar un paseo por la plaza del pueblo.

 

Enlaces de interés:

http://www.ciudadanosenblanco.com/


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Carlos Saavedra Bajo

Carlos Saavedra Bajo. Licenciado en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid en 2007. Gran amante de las buenas historias ya sean en texto o a través de la imagen ha colaborado con el periódico El Mundo entre otros medios de comunicación españoles.