Y llegaron también ellas. Ya no eran las musas de los hitos del rock y dejaron de inspirar el “Sweet child of mine de Axl” para escribir sus propias baladas, ésas que las harían a sí mismas mientras se consumían en la eterna máxima maldita: “live fast, die young”. Fueron siempre tóxicas, siempre excesivas, siempre controvertidas, siempre ellas. Llevaron la vida a flor de piel tatuada en el improvisado tapiz de sus brazos, sus bocas rojas no conocieron los tapujos ni el caudal de sus venas la prudencia.