A ver si J. Hernández iba a tener razón

on Domingo, 20 Febrero 2011. Posted in Tecnología y creatividad Autores reginomartín

A ver si J. Hernández iba a tener razón

"¿El buche de la paloma?, ¿Donde diablos está el buche de la paloma?, Si, si, estoy en la página doce, de acuerdo, aquí hay un uno... aquí un dos... O sea, doce, pero aquí están hablando de la multipluralidad celular del gusano de tierra, no del buche de la la paloma”.

Si este monólogo íntimo no te suena es por que has tenido la inmensa suerte de ser hijo único, o, en su defecto, el mayor de todos tus hermanos. Te felicito.

Los que, sin embargo, en su día nos enfrentamos a la búsqueda de la desaparecida página del libro de texto que hablada del buche de la paloma y no la encontramos es por que habíamos heredado el libro de ciencias naturales de nuestro hermano mayor. En aquella época, claro, los bolsillos paternos no andaban para gastos, así que nada de comprar el libro nuevo (1.400 Pts de la época). Te tocaba usar el de tu hermano y disfrutar del trato que éste hubiera querido darle al volumen. Con suerte tu hermano mayor era un empollón, cobarde, gallina, capitán de las sardinas y había señalado los aspectos mas importantes de la asignatura, dejándote así el trabajo hecho. Las mas de las veces tu hermano era un ganso mas vago que un ministro y te encontrabas el dichoso tomo decorado con escritos de lo mas variopintos “El López es un Pelota!” o dibujos que atentaban contra la moral en cualquiera de sus aspectos.

Ya_nada_puede_parar_tu_creatividad._Solo_tu_deseo_de_crearEchando la vista atrás me parece mentira que haya sido capaz de terminar mis estudios.

Seguro que se os ha olvidado, pero el libraco de Literatura era un tocho de dos kilos y medio fabricado en pasta de papel no reciclado, con las páginas duras, pero duras, ¿Eh? no os lo creeréis, pero de ese compuesto sacaron el “Pladur” para hacer tabiques. El lomo estaba engomado con una cosa que se llama “Cola de conejo” y que en estado líquido pesa lo suyo, pero cuando se solidifica puedes sustituir la chapa de un MiG16 del ejercito americano con esa pasta. Eso solo el tomo de literatura, si a eso le sumamos el tocho de matemáticas, ética, historia (Este era el mas mejor por que, además de los crímenes contra la humanidad arriba mencionados, lo fabricaban en tapa dura para revestirlo de dignidad. Y tapa dura significa exactamente eso: “dura”. Auténtico Kevlar para proteger a los soldados de infantería del Golfo Pérsico). Grosso modo un alumno medio, así a ojo unos 60- 80 kg de ser humano en vías de desarrollo, debía soportar en la mochila unos doce kilos de peso introducido en mochilas fabricadas en las instalaciones de algún nieto lejano de Goebbles.

Aquello no era ir al colegio, aquello era jugarse la vida en cada curva. Nunca salió en la prensa, pero estoy seguro de que mas de un niño falleció al tomar una curva y desnivelarse el peso del macuto, atropellando en el camino a varios transeúntes.

Ahora leo que el gobernador del Estado de Georgia quiere suprimir esta tortura infantil dotando a los alumnos de modernos “Tablets Pc”.

Según el senador Tommie Williams, y de sus conclusiones tras una reunión mantenida con los responsables de una firma de fabricantes de estos equipos, resulta que el gasto anual en libros de texto, que tienen una caducidad de siete años, dos, en caso de que los coja primero el ganso de tu hermano mayor, es de unos cuarenta millones de dólares, contando con que estos textos no disponen de una actualización lo suficientemente rápida “Tenemos libros que no habla del 11-S”. Sin embrago, echando cuentas, el hecho de dotar a cada escuela con una conexión Wi-Fi y facilitar a cada alumno un dispositivo electrónico “Tablet” solo costaría unos quinientos dólares al año por alumno. Con las actualizaciones a la orden del día y, por el momento, sin fecha de caducidad.

Estupendo. Me parece estupendo.

Creo que he leído en algún lado que en Wisconssin, un grupo de profesores cansados de pelear con sus alumnos por las continuas interrupciones que éstos producían con sus Smartphones y viendo, con seguridad absoluta, que los pupilos no iban a atender a sus ruegos de apagar los dichosos aparatos, han decidido unirse al enemigo y dar clases de tutoría, ayuda y formación a través de Twitter. Los chavales encantados, claro. Lo flipan. Es como si las lecciones se las impartiera un Blade Runner, y eso, claro, les encanta.

Por no irme tan geográficamente lejos voy a hacer una parada en la biblioteca municipal de Murcia. Para aquellos que no lo sepan, que habrá alguno, me juego el cuello, las bibliotecas son unos sitios grandes con muchos libros y, si te haces socio, te los prestan para que los leas. Aclarado este punto os diré que a mi las bibliotecas siempre me han dado miedo. Si, el hecho de ver a tipos sesudos con gafas de culo botella buscando ediciones en rústica de Faulkner o pidiendo el último tomo de Sartre, me daban palo. Yo solo buscaba tebeos de Anacleto y obras de Woody Allen. Es lo que tiene ser tonto. A lo que iba, que me pierdo, resulta que en la mencionada biblioteca han decidido lavarse el pelo, metafóricamente, y echarse mechas rubias. esto es, sustituir, poco a poco, las ediciones impresas por modernos y estilizados Ebook. Esto está bien. Como el sagaz lector habrá supuesto, no todos los asiduos a los templos de la cultura tiene por que ser unos tipos cuidadosos y ordenados, no, no es el caso, de modo que mas de una vez te tocaba llevarte a casa el “Flythwheel” de Marx (Groucho digo, lo siento, no el de la barba) con las hojas pegadas por goterones resecos de café, hojas arrancadas y galeradas sueltas que convertían el acto de disfrutar de la lectura en un juego interactivo donde organizar puzzles para poder leer algo correctamente. Imagino que estos aparatos evitaran todo este tipo de molestias. Un libro dañado puede disimularse con “Cola de conejo”, un Ebook averiado no. Y el precio de la avería va a coste del usuario, así que se andan con mas ojo a la hora de tirar el café por la pantalla.

Habria_que_plantearse_el_renovar_no_solo_el_continente._Tambien_el_contenidoNo voy a entrar en la discusión de libro en papel o no, no me interesa. Hay libros que merecen ser guardados como tesoros en su papel crujiente y de cuidada edición, y pastichés que deben arder en la hoguera del olvido. Así que cada uno que elija lo que quiera. Lo único que quiero expresar es que, si conseguimos de una vez separar la mojigatería de arado y terruño tan “tipical spanish” de la adecuación a la modernidad, estoy convencido de que la CULTURA, así, en mayúsculas, llegará donde no ha llegado antes. Es mas atractiva, mas sencilla, mas fácil de conseguir y mucho mas sencilla de divulgar.

Claro que corremos el riesgo, grave, peligroso, de descubrir que la cultura no es lo que deciden vendernos las cuatro mafias literarias, fotográficas o pictóricas, que han manejado el cotarro hasta ahora, si no que los movimientos que están ocultos en la calle y que no conocíamos por falta de medios y capacidades puedan resultarnos mas interesantes, mas frescos, mas ricos. Y quizá, solo quizá, este sea el caballo de batalla mas grande que tengamos que abatir. El intento de neutralización de las nuevas corrientes artísticas por parte de las antiguas “Famiglias”.

La primera batalla se llevó a cabo el lunes 14. Donde unos pocos resistentes ataviados a lo Kyle Fox resistió, ahora y siempre, al invasor en la puerta de acceso a los premios Goya. Donde el fantasma de la Ley Sinde (Por hacer un símil, la anexión de Austria a la Alemania Nazi) planeaba entre los que acudieron al acto que, sorprendentemente, fueron los mismos de siempre.

Es normal. No conocemos a otros.

¿O si?

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Regino Martín Iglesias

Nace en Madrid en 1974. Comienza a publicar en todo tipo de revistas specializadas en humor, novela y cine de género: “B.O.E”, “Revista Don Miky”, “El apasionante mundo de los ositos de peluche” y “Dedales de porcelana del mundo”. Realiza un par de cortos de oscuro pelaje y lleva una vida particularmente misteriosa hasta el año 2010 en el que emigra a Miami. Misteriosamente aparece muerto en su domicilio dos días entes del viaje. Es el primer escritor que publica su obra póstuma estando vivo.